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Cómo salí de una relación destructiva: una historia verdadera

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Llevábamos años juntos, cuando terminamos pensé que no iba a poder vivir sin él, pero me levanté y seguí adelante.

27 SEP 2016 · Última modificación: 29 OCT 2019 · Lectura: min.
Cómo salí de una relación destructiva: una historia verdadera

Se llamaba Pablo, me lo presentó una amiga de la facultad. Me sentí inmediatamente atraída por él, lo veía tan guapo, amable, simpático, listo, en fin, tenía todas las cualidades que yo había pedido en un hombre. Aunque no creía que se fijaría en mí. Pero pasaron un par de días y cuál sería mi sorpresa cuando recibí un mensaje suyo invitándome al cine. No lo podía creer, yo le había gustado al "hombre perfecto".

La cita no pudo ir mejor, disfrutamos mucho la película, luego fuimos a tomar un café y no paramos de hablar por horas. Sentía que junto a él podía ser yo misma sin preocuparme por nada más.

Transcurrieron los tres primeros meses desde aquella primera cita y la relación empezó a cambiar, pero todo fue poco a poco. Es obvio que las primeras veces que te quedas de ver con una persona pues te arreglas bastante, quieres causar la mejor de las impresiones, pues bien, el primer conflicto sucedió cuando, luego de estos tres meses, un día ya no me arreglé tanto como al principio y me dijo en tono como de broma: "como que vienes un poquito fodonga, ¿no?", incluso canceló el plan y terminamos en su casa porque me dijo que, en el caso de que nos encontráramos a un conocido, le iba a dar vergüenza que me viera así de desarreglada. "Tú me habías acostumbrado a algo" me decía, y yo solo me podía sentir súper mal por mi supuesto error.

Después de ese día tan incómodo para mí vinieron muchos más. De repente le molestaba todo de mí, que si era demasiado puntual, que me podía relajar un poco, que si era muy enojona, que le bajara cuando estuviera con él, si no "nadie te va a querer" decía constantemente. Con el tiempo me acostumbré a sus críticas constantes, lo asumí como normal, pensé que era su personalidad y que no lo iba a poder cambiar. Pero no todo era malo, pasábamos momentos muy buenos juntos, salíamos mucho, nos encantaba ir al cine, nos divertíamos.

Cuando cumplimos un año de novios yo no cabía de felicidad. Hicimos una reunión en su casa con algunos amigos para festejar porque me dijo que hiciéramos algo diferente. La verdad es que yo tenía ganas de celebrarlo sola con él, pero no me costaba nada celebrarlo con más gente si lo iba a hacer feliz.

En un momento de la fiesta Pablo propuso un brindis: "Brindo por cumplir un año con esta mujer de la que nunca pensé enamórame, los que me conocen saben que no es mi tipo para nada, pero la paso bien con ella".

Las palabras retumbaron por días en mi cabeza, ¿Cómo que no era "su tipo de mujer"?, entonces ¿de qué tipo era? Mi autoestima se resintió muchísimo y tenía ganas de pedirle una explicación, pero me tragué mi enojo y nunca le dije nada, pero me sentí la mujer más fea del universo.

El comentario de que yo no era "su tipo de mujer" se repitió en muchas ocasiones, se lo dijo a más gente de la que me hubiera gustado, como si él me estuviera haciendo un favor estando con una chica como yo. Cada vez que repetía la frase, yo me sentía peor. Nunca antes había tenido problemas de autoestima hasta este momento, pero supongo que me acostumbré.

Cada vez que él hacía algo que me molestaba y yo le reclamaba, por ejemplo, por la inconstancia que tenía respecto a la universidad, o el trabajo, me decía: "sigue molestando y me vas a perder" y lo peor es que el solo hecho de imaginarme sin él me provocaba un nudo en el estómago insoportable. Sentía que no podía vivir sin él y siempre justificaba todo lo malo que me decía.

Se acercaba el final de la universidad y yo me iba a graduar con un muy buen promedio, a diferencia de Pablo, quien había reprobado varias materias y tenía que repetir el último año. Se desquitó conmigo, me dijo que menos mal tenía algo en el cerebro porque era evidente que no me iba a ganar la vida con mi imagen física. Estaba lleno de rabia contra sí mismo pero me agredía verbalmente a mí. También lo justifiqué esta vez porque pensé que estaba deprimido.

Solo viví con él un episodio de violencia física. Les cuento. Un día estábamos en su casa y se me ocurrió decirle que yo le podía ayudar a estudiar, se puso súper loco, me dijo que si yo creía que era un estúpido, me gritó que él no tenía la culpa de que yo no fuera agraciada y por eso tenía que estudiar. Me sujetó la cara muy fuerte y luego me dio una cachetada. Yo agarré mis cosas y me fui llorando.

Al día siguiente me llamó como diez veces durante la mañana, no paraba de mandarme whatsapps, mensajes por todas las redes sociales, canciones, en fin, todo para que lo perdonara. Le contesté el teléfono hasta la noche. No se detuvo, me dijo que no valía la pena seguir viviendo sin no me tenía a su lado, incluso amenazó con suicidarse y, finalmente, lo perdoné. Fue la única vez que no estuve segura de mi decisión.

A partir de ese momento nuestra relación se volvió muy destructiva, pero hablo de ambos lados, no solo por su culpa. Cada vez que él me intentaba desacreditar frente a algún conocido, yo respondía su agresión diciendo que él no había sido capaz ni siquiera de terminar la universidad. Verlo cada día era como entrar en un campo de batalla. Pero por otro lado, cuando me sentaba a pensar qué es lo que quería hacer con mi vida, siempre estaba él, no me imaginaba dejándolo, no quería, o ¿no podía?

Todo ese tiempo me la pasé intentado convencerlo de que, en efecto, sí era el tipo de mujer al que estaba acostumbrado, que no era raro que se hubiese fijado en mí. Cada vez que me insultaba, humillaba o agredía, yo volvía, y volvía, y volvía. Quería demostrarle que se equivocaba, que yo era más valiosa de lo que él creía.

Mi familia y mis amigos estaban muy preocupados por mí. Me veían triste, deprimida, sin ganas de hacer nada. Todos le echaban la culpa a él y, a veces, yo les daba la razón, pero cuando iba a terminar con Pablo, él me convencía para que no lo dejara. Siempre acababa convenciéndome.

Lo dejé después de cuatro años y cuando esto pasó, sentí que me moría. Aunque decidí cortar toda comunicación con él, le preguntaba a todos nuestros conocidos en común por él. Me costó muchísimo dejar de hacerlo.

Tardé muchísimo en conseguir que me dejara de importar, aunque el hecho de volverlo a ver me crea inquietud, aunque considero que aunque me había abandonado completamente y me había dejado humillar, por fin lo superé. Seguiré conla terapiaque empecé mes y medio porque creo que me está ayudando a creer en mí misma y, sobre todo, a valorarme. Espero algún día volver a sentirme plena y ser completamente feliz.

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