¡Hazte cargo de mi vida!

Hacerme cargo de mi vida implica asumir mis responsabilidades. Hacerme cargo de otra vida es fomentar su inmadurez, terminará dañando su autoestima y salud emocional, busca ayuda profesional.

5 ABR 2018 · Lectura: min.
¡Hazte cargo de mi vida!

En las sociedades modernas que hoy vivimos, es muy común encontrar personas que tienen el viejo hábito de la comodidad extrema. Es decir, que no están dispuestas a soltar su zona de confort, para pasar a una zona de aprendizaje y aún por muy mal que la estén pasando prefieren besar el látigo del auto-castigo o de la auto-compasión, antes que soltar esas actitudes mediocres que en el fondo se trata de una necia fantasía, de mucha ignorancia y de muchos miedos. Estas conductas específicas, por lo general son aprendidas y se han venido traspolando de generación en generación, pues siempre o casi siempre repetimos los patrones de conducta desde la niñez.

El niño aprende por imitación, y su motivación instintiva para vincularse con su madre como primer figura de apego emocional seguro, y primer objeto gratificador de necesidades básicas, le ayuda a desarrollar desde allí, una personalidad dependiente, según lo indican algunos impulsores de la Teoría de las Relaciones Objetales, como: John Boulby, Sigmund Freud, Harry Stack Sullivan, Alfred Adler, Adolf Meyer (influidos por la Teoría de la Evolución de Charles Darwin), entre otros. De allí se deriva la idea de que muchas de las psicopatologías surgen de una ansiedad básica relacionada con el temor de la separación del objeto de apego.

Pero desgraciadamente nadie nos enseñó todo esto desde la edad temprana, quizá porque ni siquiera a nuestros padres, abuelos y bisabuelos se lo enseñaron. Nadie nos instruyó sobre cómo soltar esos miedos y apegos ancestrales, por el contrario, conforme crecemos seguimos incrementando esos miedos, terror y pavor a soltar, a dejar ir, a dejar fluir, y nos aferramos al primer sujeto o al primer objeto que tenemos a nuestro lado como si fuera nuestra única tablita de salvación.

Es claro entender que en tales circunstancias, ocurriría exactamente lo mismo cuando nos casamos y esperamos que el otro nos resuelva toda la vida. Nos cruzamos de brazos esperando que el otro asuma todo: Cubra las necesidades y los gastos del hogar, resuelva todos los problemas y se haga cargo de la responsabilidad total del matrimonio, de la casa, de la mujer, de los hijos y hasta de la relación que "se supone" es de los dos… y vamos más allá… No suelta ni su mamitis aguda y también se quiere hacer cargo de la familia parental y al final de cuentas no atiende ni a una ni a la otra… ¡Por favor, qué absurdo y qué inmadurez!

Quizá todo eso funcionaba en otros tiempos, cuando era la mujer quien se convertía en un objeto de pertenencia del marido o del padre o de los hermanos. La mujer era considerada un trapo, un mueble, una cosa. El único deber de la mujer era que había nacido para ser de su casa, de su marido y de sus hijos. No tenía ni voz, ni voto, ni derechos a exigir, a tocar puertas, ni a abrir caminos al entendimiento, mucho menos a tener la oportunidad de tener un libro entre sus manos y explorar las conexiones que existen entre los pensamientos, los patrones de comportamiento y los procesos cognoscitivos neurológicos… puf…¡Ni en sueños! Y sin embargo, en pleno siglo XXI, créanlo, ¡Aún hay esa clase de mujeres!

Y este tema no es exclusivo para mujeres, sino también para algunos señores que les gusta ser atenidos, mantenidos y hasta gorrones como se dice coloquialmente: "Ayúdame", "Préstame", "Sacrificate por mí", "Págalo tú", "Yo no tengo", "Yo no puedo" "Estoy enfermo", "Cuídame" "Soy muy torpe", " etc, (hay excepciones).

A estos señores les resulta muy fácil, cómodo y hasta gratificante, que sea la mujer quien salga a los campos de actividad a partirse todita la espalda, para traer la comida a casa, para pagar la luz eléctrica, el agua potable, el gas doméstico, el servicio telefónico, la ropa, calzado y el colegio de los niños ¿Porqué no? Hasta lujos como tenerle gratis al maridito algunos servicios de televisión hasta por cable de algunas compañía que por cierto se ofertan de manera increíble.

Pero lo más delicado de todo esto, es el ejemplo que le estamos dando a nuestros hijos: Primero por no enseñarles a valorar lo que tienen, después por no guiarlos correctamente y fomentarles el interés y el significado de cubrir por si mismos sus propias necesidades. ¿Por qué no enseñarles a colaborar en los quehaceres del hogar o haciéndose cargo por lo menos de sus propias responsabilidades?

Acude a buscar ayuda de un profesional si no sabes cómo hacerlo, así evitarás que tus hijos repitan los mismos patrones de conducta, cuando llegue el momento en que tengan que enfrentar los deberes y roles de su propia familia. ¡Valorar también es educar! Y no olvides que nadie tiene obligación de hacerse cargo de tu vida, ni tú tienes la responsabilidad de hacerte cargo de otras vidas, a menos que tú lo decidas así.

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Escrito por

Dora Lidia Pérez Rochín

La Psic. Dora Lidia Pérez Rochín es una de las psicólogas más profesionales que brinda la atención y orientación necesaria para poder resolver sus problemas emocionales que pueden estar afectando su vida social y familiar. Cuenta con el conocimiento y la experiencia necesaria.

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Comentarios 1
  • MARTINA ESPINOZA GAXIOLA

    Cierto, pasa por ambas partes y no es fácil la solución.

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