¿Por qué mi esposo no me toca?

La responsabilidad de la virtualidad y las redes sociales en la disminución drástica de las relaciones interpersonales se estudia con preocupación. Pero sin duda hay razones más antiguas.

20 MAR 2020 · Lectura: min.
¿Por qué mi esposo no me toca?

“Tengo 40 años y él 41, tenemos dos hermosos hijos y desde los 20 estamos juntos. Hace 3 años que no me toca”.

“Me decía que tenía miedo de que vuelva a quedar embarazada, me puse un DIU anticonceptivo, seguía sin tocarme, le dije que se hiciera una vasectomía, no se animaba”.

“Le propuse que lo haga con otra para despertar otra vez su deseo…”

Estas frases recorren los foros de internet en proporciones alarmantes. No es para nada un tema nuevo; pero cada vez las mujeres nos animamos a plantear nuestras frustraciones de cama en un contexto de reclamo de nuestros derechos, siendo el Deseo uno de los más importantes a reconquistar.

En un mundo virtualizado y mediado por las redes sociales se está estudiando con preocupación la disminución drástica de las relaciones interpersonales, el contacto físico, los intercambios sexo afectivos reales que son reemplazados por contactos efímeros a través de una cámara web, o chats que consumen horas interminables.

La conclusión al final del día -por lo menos para las generaciones adultas- es que solo las relaciones reales, cara a cara, tacto a tacto, pueden llenar el vacío propio del ser humano en cualquier época.

¿Por qué no me toca si dice que me quiere?

Estas situaciones nos ponen en una encrucijada, porque la verdad es que preferiríamos que a la falta de intimidad la acompañe la falta de cariño, una mala convivencia, peleas propias del desgaste cotidiano que nos dieran una buena razón para pensar en la separación de nuestra pareja.

Pero esto no ocurre, porque “me dice que me quiere”, que “no puede vivir sin mí”, que soy la madre de sus hijos y que en la convivencia “nos seguimos llevando bien”.

Cada uno por su lado, cruzándose apenas cuando termina la jornada laboral, compartiendo las vacaciones en familia, planificando el resto de la vida juntos...llevándonse bien porque casi no no se llevan.

Así viven muchísimas parejas de años, normalizando situaciones, es decir acomodándose a la Norma Social que asume la necesidad férrea de mantener el núcleo familiar, o a la doctrina de la Iglesia que predica la transformación del amor erótico en “otro tipo de amor”, es decir un amor que pierde su capacidad de desear. En definitiva, la idea generalizada de que en las relaciones de años el deseo muere inevitablemente.

Algunas razones por las que no te toca

Cada pareja es un mundo, lo hemos dicho repetidas veces. Sin embargo, como también habitamos el mundo, somos víctimas de los mandatos sociales también en la manera en que nos relacionamos. Los foros lo demuestran en frases como las que copiamos en el principio de este artículo, las réplicas de usuarias y la sororidad que pide consejos demuestran que muchas, muchísimas mujeres pasamos por lo mismo.

  • La convivencia. A medida que consolidamos el vínculo estamos demostrando madurez. Hemos atravesado con éxito la etapa en donde vivíamos pendientes de la ex, de si lo seguía buscando, de si había dejado de quererla, momentos en donde aún nos estábamos conociendo y el enamoramiento se encontraba todavía en pañales. Pero entre esa etapa y la seguridad emocional, existe una delgada línea peligrosa que no deberíamos atravesar a riesgo de perder la capacidad creativa de la relación.
  • ¿Qué hacer? Reflexiona sobre ese momento o aquella situación en donde tú o ambos se relajaron tanto que dejaron de prestarse la necesaria atención. ¿Pasó tanto tiempo que no lo recuerdas? ¿Fueron los hijos? ¿Las problemas económicos? El día tiene 24 horas, duermen juntos hace años y lo único que debes hacer es animarte a plantear el problema hablándolo en la intimidad y acercándote primero y físicamente desde el afecto, desde lo constructivo, generando espacios de a dos, como al principio.
  • Las rutinas. Cada quien tiene su trabajo, sus ocupaciones, su tiempo libre,  han ganado el respeto por sus espacios a través de los años y eso mantuvo la relación a salvo. Bien por ello; pero otra vez, la delgada línea peligrosa. Ya no comparten casi nada, solo problemas cotidianos y las preocupaciones de los hijos: cuando son pequeños, cuando son adolescentes, cuando son adultos, el trabajo de madre y padre es para siempre.
  • ¿Qué hacer? Genera citas de novios, salidas a solas, fines de semana en casa sin los hijos, paseos, salidas al cine, al teatro, a la costanera, o la plaza. No tienes que hacer grandes planes ni trastocar la organización de la vida familiar. Mínimos cambios de aire traerán de a poco grandes satisfacciones. Es solo volver a prestar atención a esos pequeños grandes momentos de disfrute que se nos permite como un lujo en el caos voraz del día a día.

  • Las crisis de pareja. Todas las atravesamos en algún momento. Algunas son pasajeras y otras indican que hemos llegado al final del camino juntos. Todas traen sufrimiento y alejamiento emocional y físico. Imperceptiblemente desaparecen las caricias, las miradas cómplices, los roces en los espacios hogareños, y lo tan temido: la cama empieza a ser un territorio silencioso que nos miedo.
  • ¿Qué hacer? Hablar con él, evidenciar lo que está pasando, plantear claramente las preocupaciones de haber perdido el deseo de tocarse, besarse, erotizarse y gozar de una sexualidad plena como pareja. Si en esa comunicación sincera se dan cuenta de que no ya es posible recuperar el deseo, plantear la separación definitiva. Es importante entender que el distanciamiento físico está siempre acompañado de un distanciamiento afectivo, que es aún más difícil de recuperar. Si la relación está agotada la falta de sexo e intimidad es solo uno de tantos factores que nos están diciendo que pongamos un punto final.
  • La baja autoestima. Con el paso de los años nuestro aspecto físico se modifica. En una sociedad donde la belleza es sinónimo de culto al cuerpo joven, esbelto y delgado, las arrugas y los kilos de más no son aceptados sino sufridos por la autopercepción. Estas molestias con el propio cuerpo pueden resentir la sexualidad toda vez que empezamos a sentirnos feas y avergonzadas de nuestra desnudez. Incluso frente a quien lleva años viéndonos noche a noche en la cama.
  • ¿Qué hacer? Querernos, aceptarnos, aceptar al otro aunque ya no se vea tan atractivo como al comienzo. Sin embargo, aceptarnos no quita que cuidemos nuestro cuerpo y nuestra salud, hagamos ejercicio y nos alimentemos de manera saludable, para gustar al otro; pero sobre todo para estar a gusto con nosotras mismas.

Si te animas, y si animas a tu compañero, una Terapia de pareja puede ayudarte y ayudarles a entender las razones del distanciamiento sexo afectivo desde una mirada profesional desprejuiciada. Y a partir de entender esas razones poder recuperar el deseo, una conquista que se pierde cada día en nuestra sociedad normalizada.

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2 Comentarios
  • Bessy Espinoza

    ¡Hola! ¡Mi nombre es Bessy! La verdad es la primera vez que hago esto, tengo mucha pena y no suelo contarle a nadie mis problemas, más cuando suelen ser íntimos. Pero ya no sé qué hacer. Tengo problemas con mi pareja en el sexo, hace casi 2 años que no tenemos relaciones. El tiene 39 y yo 30, no me toca; pero dice que me ama, solo que su mente pasa más en su trabajo y cómo hacer dinero. Ya no sé qué hacer, la verdad jamás había vivido esto. Y me siento extraña al no tener sexo con mi pareja.

  • Elena Amer Iriarte

    Hola, tengo una relación de pareja muy buena, pero en algunos aspectos me hace dudar, es una persona que estuvo casada y a su anterior relación no le dejaba que lo tocase ni le gustaba el sexo oral. Conmigo se esfuerza; pero siempre me dice que fueron muchos años sin hacerlo y le cuesta, ¿qué debo hacer? ¿qué debo pensar? Llevo dos años con él y al principio no es que fuera frecuente pero lo hacíamos, la verdad que estoy preocupada y no sé que hacer o pensar.

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