¿Por qué me cuesta tanto soltarte y dejarte ir?

¿Conoces de qué forma afectan los apegos? Quizá te parezcan inofensivos y hasta necesarios, pero cuando se convierten en una patología, son tóxicos y destructivos. ¡Aquí te informamos!

12 NOV 2020 · Lectura: min.

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¿Por qué me cuesta tanto soltarte y dejarte ir?

Desde la cuna hasta la tumba, el ser humano por naturaleza va cargando a veces un costal repleto de muchas ataduras y apegos que lo limitan y le impiden el crecimiento interior. Le impiden evolucionar y entrar en procesos de construcción y maduración emocional, porque siempre está dependiendo de algo o de alguien para funcionar y evidenciar sus necesidades, sus vacíos, su orfandad emocional e inseguridades y sus miedos; aunque se niegue en muchos casos a reconocerlo. Y es así, con esa forma de pensar, sentir y actuar, como el ser humano camina por la vida, haciendo de esos apegos, una costumbre, un hábito, un vicio y un error que le distorsiona su tan ansiada felicidad.

En este marco, las teorías del apego del Dr. John Bowlvy, Psicoanalista Inglés (1907-1990), nos hablan desde el desarrollo infantil, sobre la importancia de la relación entre madre – hijo. El Dr. Bowlvy enfocó su atención principalmente, en cómo las dificultades de apego se transmiten de una generación a otra y de qué forma las conductas son aprendidas.

Se sabe que los niños aprenden todo por imitación. ¿Pero, qué pasa cuando esos niños se convierten en adultos? ¡Llevan arrastrando las mismas conductas infantiles de antaño!

Frases típicas del apego

  • "Me aferro mucho a mi madre porque me da seguridad".
  • "Me agarro siempre de mi padre porque me da estabilidad".
  • "Me apego todo el tiempo a mi esposo(a), a mi novio(a), o a mi amante, porque me siento amado(a) y protegido(a)".

Y ni qué decir del apego a los hermanos, a la familia, a los amigos, al trabajo, al coche, a la casa, a las cosas… ¡Les cuesta mucho soltar, dejar ir, decir adiós!

Por supuesto, detrás de esa conducta se esconde mucha inmadurez y muchos miedos y temores:

  • a la soledad
  • a no saber cómo actuar
  • a sentir que no va a poder
  • a no merecer
  • a equivocarse
  • a ser reprendido
  • al qué dirán
  • a la burla o a la crítica mordaz
  • al abandono
  • a la falta de atención
  • no saber socializar ni adaptarse
  • a dejar su zona de confort

En definitiva...a lo desconocido porque no tiene valor ni ganas de experimentar un mundo nuevo, y la vida se le va, esperando que otros le resuelvan su vida.

¿Qué pasa en la pareja?

En ese aspecto, no deja de ser preocupante observar que la mayoría de las parejas que acuden a buscar ayuda terapéutica, presentan inestabilidad por celos y apego, baja autoestima, dependencia emocional, inseguridades, condicionamientos y miedos desmedidos. El problema aquí es que se han dejado llevar por lo que les dicta su cultura y su entorno, su sistema de creencias, sus estilos de crianza, sus formatos de pensamiento y hasta sus introyectos y sus taras hereditarias. Están muy convencidos de que es su pareja la que siempre anda mal en todo y le está fallando.

Sucede que esas parejas llegan al matrimonio muy enamoradas, y tan pronto estampan su firma en un papel, ya el señor está pensando: "Ay, chiquitita, ya firmaste y ya te amolaste, ahora sí ya eres mía, ya me perteneces, ahora vas a hacer lo que yo te diga"… ¡Claro que no! nadie le pertenece a nadie y el hecho de haber firmado un contrato de matrimonio, no quiere decir que ya la mujer se convierte en un objeto, un mueble, un trapo o una cosa de su propiedad. ¡Craso error!

Aquí cabe preguntarse ¿por qué, o para qué aprehender a alguien o apropiarse o aferrarse como si fuera su única tablita de salvación? Y nos podemos seguir preguntando ¿será que eso es amor?: "No te suelto porque te amo", o "No te suelto porque me aportas muchos beneficios", es decir: "Te necesito porque te amo", o "Te amo porque te necesito". El apego enfermizo les conlleva a la dependencia emocional disfrazada siempre de amor, y cuando hartan al otro que ya está cansado de chantajes emocionales y se quiere ir de la relación, tampoco le dejan ir...

¿Entonces?

Este tipo de vínculos afectivos tan tóxicos que en la mayoría de los casos no se saben afrontar, se convierten a veces en patologías que requieren de atención clínica urgente. Aquí hay dos posiciones de apego: el que no quiere soltar y el que tiene miedo de que lo suelten. A este tipo de apegos, Bowlvy les llama: ansioso/ambivalente y evitativo. Es decir que la persona no se siente segura ya y está sufriendo por ello y tiene confusiones, pero no desea estar demasiado lejos de la persona que le ha brindado sus cuidados o su amor. Estos sentimientos están íntimamente relacionados con el tipo de apego que se desarrolló en su niñez cuando estaban al lado de sus padres o cuidadores.

Los recuerdos

Finalmente hay una clase de apego que quizá todos hemos padecido alguna vez, y ese es el apego a los recuerdos: no suelto, no deseo dejar ir de mi vida lo que fue, lo que ya no es, lo que ya no existe, lo que ya se quedó dormido en nuestros sueños del ayer, no suelto ni deseo dejar ir aunque ya sea pasado, aunque esté muerto y enterrado y aunque ya no tenga regreso posible: un gran amor, una canción, un poema, el aroma de un perfume, un pañuelo, una pintura, una carta de amor, unos pétalos de rosa con olor a libro borrado por el tiempo, un cofrecito de añejas fotografías gastadas de tanto ver, o imágenes que solo viven en nuestras memorias más preciadas y el sonido de su voz en los ecos que nos trae el viento cuajado de sereno en las noches de plenilunio. ¿Suena poético verdad? pero la realidad a veces es aplastante porque ha llegado la hora de despertar a nuestra realidad.

Nadie le pertenece a nadie, esa es la realidad, y nadie está en este mundo para cumplir nuestras expectativas ni estamos nosotros aquí para cumplir las expectativas de nadie como bien lo afirmó el Dr. Fritz Perls, neuropsiquiatra y psicoanalista alemán, creador de la terapia Gestalt (1893-1970). Por lo tanto tenemos que aprender a ver esa realidad con ojos de esperanza en nosotros mismos y de fe, el bendito sentimiento de la fe que nos acerca tanto a nosotros mismos. Saber que podemos aprender a no depender tanto de lo que pasa afuera sino de lo que está pasando aquí y ahora adentro de nosotros y reconocer que tenemos recursos personales que podemos aprender a potenciar para no seguir necesariamente aferrándonos a nuestras idealizaciones, ni quimeras, ni seguir fomentando la vieja y rancia costumbre de seguir dependiendo ya nunca más de los demás.

¿Has de vivir tu relación en amor incondicional? ¡Disfrútalo y valóralo! pero nunca dependas del otro para ser feliz, porque la única y eterna felicidad proviene de tu propia luz, la inmortalidad suprema de tu propio amor, que desde antes de tu nacimiento ¡Ya vive y habita dentro de tu ser! ¿Quieres mayor correspondencia?

Referencias

Dr. Fritz Perls, Terapia Gestáltica (1951).

Dr. John Bowlvy, El vínculo afectivo (1969).

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Escrito por

Psic. Dora Lidia Pérez Rochín

Psicóloga

La Psic. Dora Lidia Pérez Rochín es una de las psicólogas más profesionales que brinda la atención y orientación necesaria para poder resolver sus problemas emocionales que pueden estar afectando su vida social y familiar. Cuenta con el conocimiento y la experiencia necesaria.

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