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Perdonarnos a nosotros mismos

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Artículo revisado por el Comité de Psico.mx

Pedir perdón no es fácil, pero tal vez resulte más difícil perdonarse a sí mismo. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que fallamos?

2 JUL 2019 · Lectura: min.
Perdonarnos a nosotros mismos

El filósofo español, José Luis Villacañas explica que "perdonar es una promesa de olvido a cambio de una promesa de no reincidencia". Es decir, yo te perdono a cambio de que tú no vuelvas a hacerme daño. Es un contrato en el que ambas partes se comprometen a seguir adelante con su relación (familiar, de amistad, de pareja, de padres e hijos, etc.) sin rencores ni dobles intenciones.

Pedir perdón y perdonar tienen que ser actos genuinos y sinceros, de lo contrario, se queda en palabras vacías que luego pueden hacer más daño. 

Si pides perdón sin la intención de cambiar nada, lo único que estás haciendo es un acto superficial para sentirte bien contigo mismo y quedar bien con el otro, porque el perdón implica acción: asumir responsabilidades, cambiar de actitud y/o reparar el daño causado. 

Pedir perdón no es fácil porque implica reconocer un error, aceptar que hicimos daño a alguien y ponerse en la piel de esa persona para entender por qué le dolió tanto y por qué es necesario arreglar las cosas.

"Si la otra persona interpreta que son solo palabras y que quien se disculpa quiere algo a cambio; si no hay honestidad en el acto y no se asume una responsabilidad, resulta insuficiente para restablecer la confianza; y eso causa heridas emocionales, porque no hay un consenso sobre cuáles son los valores comunes", indica la psicóloga Cristina Martínez. 

Ahora bien, ¿qué pasa cuando somos nosotros mismos quienes debemos perdonarnos? No hay otra persona implicada sino únicamente nosotros frente al espejo quienes nos recriminamos por algo que dijimos, hicimos u omitimos.

¿Cómo me puedo perdonar?

Perdonarse a uno mismo es liberador porque nos permite retomar el control de nuestras decisiones y reconocernos como seres imperfectos, en continuo crecimiento interior. Gestionar emociones como la rabia y el miedo que nos ocasionan nuestros propios defectos, nos permite conocernos aún más y aprender de nuestros errores. 

1. Pensar dónde está la causa de la culpa.

Hay que reflexionar sobre el origen mismo del sentimiento de culpa. ¿Qué fue aquello que hice o que no hice y que no he podido superar? ¿Dependía de mí aquella situación o no del todo? ¿Qué tan importante fue ese error cometido? ¿Lo he vuelto a repetir? Te equivocaste, sí. No te gustó tu comportamiento en aquella ocasión, sí. ¿Por qué no eres capaz de asumir que eres un ser humano con defectos y que ya aprendiste la lección de lo ocurrido?

2. Asumir responsabilidades.

Si ya eres consciente de que lo ocurrido te molestó profundamente y que no lo quieres volver a repetir, has dado un gran paso. ¿Puedes reparar el daño causado? Hazlo. ¿No puedes? Asúmelo. 

3. Reconocernos con defectos y errores.

Date la oportunidad de ser como eres y de vivir con lo aprendido. Es humano fallar, levantarse y reemprender el camino. Todos tenemos miedo, culpas e inseguridades, pero también todos tenemos nuevas oportunidades de conocernos, aprender de nosotros mismos y de las personas que nos rodean. Mejorar es un proceso continuo. 

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