¡No puedo dejar de comer! ¿Qué me pasa?

El exceso de hambre o hambre emocional es un trastorno alimenticio derivado del estrés y la ansiedad. Revisar tus emociones y corregirlas, puede ser la mejor solución.

27 JUL 2020 · Lectura: min.
¡No puedo dejar de comer! ¿Qué me pasa?

Cuántas veces hemos oído decir "a partir de hoy, ahora sí voy a cambiar", ¿pero cómo cambiar, si ni siquiera sabemos qué es lo que queremos cambiar? Tenemos muchos hábitos, costumbres, vicios, estilos de vida inadecuados, conductas desadaptativas, actitudes negativas y autosabotajes que no nos dan para más: "es que yo lo puedo hacer solo", "es que yo no necesito consejos", "es que no he tenido tiempo", "es que yo sí quería, pero el día amaneció muy feo"… ¡solo excusas, más excusas y más pretextos, pero ninguna solución!

Uno de los problemas más comunes lo tenemos con la comida. Y no es que la comida sea un problema ¡No! sino la forma de comer, la forma de consumir, la forma de ingerir los alimentos. Estamos tan acostumbrados a querernos tragar todo de un solo bocado y sin digerirlo. Nos sentamos a la mesa, recorremos con la mirada el plato de comida, y la boca se nos llena de saliva, o como comúnmente decimos: "se nos hace agua la boca"… ¡y ya queremos empezar! Tomamos inmediatamente la cuchara o el tenedor y sin pensarla dos veces… ¡al ataque!

Qué pena tener que decirlo así, pero no comemos… ¡Tragamos!

Y es que la comida está muy deliciosa, que tan pronto entra a la boca, le damos la mordida y una o dos machacadas con los dientes y ni la saboreamos en el paladar, ni la disfrutamos realmente, ni la masticamos adecuadamente y ya va para la garganta involuntariamente de una sola bocanada, tan de prisa que a veces se queda atorada allí, y hay que empujarla con un buen trago de jugo, agua o refresco de cola. Se desatora el bolo alimenticio; pero ni siquiera damos tiempo a que el epiglotis cubra la laringe para que la comida no entre al tracto respiratorio, que por la prisa muchas veces la comida se nos va por la tráquea y terminamos atragantándonos y allí empezamos a toser para expulsar, pero no podemos ni siquiera respirar. Hay que tener mucho cuidado y esperar a que la comida llegue al estómago sin ninguna dificultad.

Pero pasa que no lo hacemos así, tan pronto tragamos, ya tenemos de nuevo la boca retacada de comida, repitiendo así el proceso grosero de no triturar correctamente los alimentos y deglutirlos inmediatamente sin piedad. Los pedazos maltrechos de comida entran a la faringe (pobrecitos), con suma dificultad, y de allí entran al esófago casi a la fuerza, sin siquiera haber sido amasados por la lengua ni humedecidos con la saliva sino con el trago enorme del refresco de cola. ¡Comemos como lo hacen los animales! y lo que es peor, no sabemos ni siquiera cuándo nos llenamos, imposibilitando así, la buena nutrición y de paso, provocando problemas de disfagia. Esa sucia conducta en el hábito alimenticio, dice mucho de nosotros, y hasta nos quejamos de que tenemos problemas digestivos, ¿pues cómo no?

Ingerir alimentos implica entonces, conocer primero cuál es la necesidad tan imperiosa que tenemos de engullir y devorar los alimentos. ¿Será que el estrés nos ha ganado la loca carrera desenfrenada de comer y comer tan de prisa, en situaciones aún sin que tengamos hambre?, o dime: ¿realmente de qué tienes hambre?

Cuando tu cuerpo no ha ingerido alimentos, es obvio que tus tripas te quieren comer, pero una vez satisfecha esa necesidad fisiológica, se te quita el hambre y tu estómago se pone en paz, ¿cierto? Pero entonces, ¿qué sucede cuando tu cabeza, tu cerebro o tu mente padecen de desnutrición emocional, o anemia espiritual? ¿te has puesto a pensar de qué tienes hambre? Presta atención a las señales que te manda tu cuerpo. Presta atención a tus vacíos emocionales, o a tu orfandad afectiva que a veces pretendes llenar con comida, y a veces hasta con comida chatarra. ¡Pues bienvenida la salud chatarra! ¿De qué tanto te quejas si escogiste a la comida como único consuelo?

Cuando estás comiendo demasiado para satisfacer un sentimiento de vacío, soledad, tristeza, etc., no importa si tu estómago está lleno o no, tu necesidad insatisfecha buscará llenar ese vacío con comida específica (y no te satisfará cualquier cosa) y lo querrás de forma inmediata, a eso se le llama "hambre emocional". Es muy diferente cuando tienes hambre fisiológica, puedes satisfacerla con cualquier opción de comida.

Pero cuando en tu mente se manifiestan miedos, angustias desesperación, ansiedad, temores, baja autoestima, pereza mental, inseguridades, dolor emocional, te sientes incomprendido/a, lleno de soledad, sientes que no vales nada, que nadie te entiende, que nadie te quiere, que nadie se preocupa por ti o que eres una persona muy infeliz y tu vida no tiene sentido; son síntomas de que algo más profundo no funciona bien dentro de ti. Busca ayuda profesional, es necesario revisarte detenidamente, investigar qué es lo que te hace sentir esos miedos, a qué le temes tanto y por qué. Desde cuándo te sientes inseguro/a, tímido/a, con hambre de qué.

Necesitamos pues, aprender a comer y comer balanceado, es un consejo dietético. El primer requisito previo a comer es tener hambre, pero hambre genuina, no apetito. Así que, si estás a punto de comer por aburrimiento o notas un vacío en tu cuerpo, puedes llegar a confundirte y lo identificas como hambre o sed, pero te das cuenta de que tu hambre es "falsa", puedes contrarrestar con un poco de ejercicio físico hasta que se pase esa sensación de vacío y esperar un poco, hasta que sea hora de alimentar sanamente tu organismo.

Entonces, evitemos los atracones, no nos comamos nuestras emociones porque también engordan. No tratemos de engañar a la tristeza, bañándola de chocolate ni aderecemos nuestros enojos con salsita y con limón. Por el contrario, aprendamos a saciar nuestra hambre real con frutas y verduras, mucha agua y cariño para nuestro cuerpo, así desaparecen los factores desencadenantes del estrés y la ansiedad, o crisis de hambre emocional que nos aumentan el peso corporal, nos restan salud y podrían conllevarnos a problemas cardiovasculares futuros.

Escrito por

Psic. Dora Lidia Pérez Rochín

Psicóloga

La Psic. Dora Lidia Pérez Rochín es una de las psicólogas más profesionales que brinda la atención y orientación necesaria para poder resolver sus problemas emocionales que pueden estar afectando su vida social y familiar. Cuenta con el conocimiento y la experiencia necesaria.

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