​Los adolescentes y la agresividad

La hostilidad en la adolescencia puede ser un mecanismo de defensa ante el vértigo de los cambios que se están experimentando. Pero, una conducta agresiva constante puede ser señal de alerta

20 ABR 2018 · Lectura: min.

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​Los adolescentes y la agresividad

La adolescencia es una etapa decisiva para cualquier persona: los cambios físicos y el torrente de emociones que se llegan a experimentar, generan dudas  y actitudes que, para muchos adultos, son difíciles de descifrar.

La respuesta hostil frente a actividades que hasta hace muy poco se disfrutaban, puede ser catalogada como normal. Es un mecanismo de defensa con el que el adolescente va reafirmando su personalidad, sus gustos y sobre todo, su determinación a dejar atrás la infancia. 

Los que hasta ayer eran niños que hablaban mucho con sus papás, hoy son adolescentes que se encierran en sí mismos y solo parecen sentirse cómodos en compañía de los amigos y amigas de su misma edad. Se pueden mostrar inquietos o "desubicados" porque, precisamente, están en un conflicto interior muy importante: saben que se están convirtiendo en adultos, pero es difícil afrontar nuevas responsabilidades y responder a las expectativas que recaen sobre ellos. 

Por otra parte, los papás también viven su propio duelo al "despedirse" simbólicamente de los niños y dar la bienvenida a los adolescentes en el hogar y también, se muestran preocupados por los peligros que acechan. Los padres también tienen dudas sobre si han dado las bases suficientes a sus hijos para enfrentarse con responsabilidad y madurez a los retos que les esperan. 

Mitos de la adolescencia

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Robert Epstein, doctor en Psicología de la Universidad de Harvard, desmonta el mito del "cerebro inmaduro", con el que suele describirse la adolescencia. En su libro 'Teen 2.0', el doctor Epstein explica que la inestabilidad emocional y la conducta irresponsable, tan comunes en esta etapa de la vida, se deben a las influencias sociales y familiares, los estímulos que la persona ha recibido a lo largo de su vida, y no específicamente a una inmadurez cerebral. 

En el libro The Case Against Adolescence: Rediscovering the Adult in Every Teen Epstein cuestiona el modelo social y cultural que ha prevalecido por décadas y que da por hecho que los adolescentes son incompetentes, imprudentes e irresponsables. Según dice, hemos "infantilizado" a los adolescentes y no les hemos dejado expresarse tal y como son: seres humanos con dudas propias de su edad, pero también con muchos aportes para la sociedad en la que se desenvuelven.    

En este orden de ideas, un adolescente que lucha por encajar en su mundo, puede sentirse frustrado en su búsqueda de autonomía y desarrollo de su propia personalidad. La expresión de hostilidad, negativismo e incluso, indiferencia, es una manera de protestar contra lo que no entiende o no es capaz de procesar. El grado de "agresividad" con que el adolescente responda a los retos que se le presentan dependerá mucho de las bases que haya tenido en su infancia. Un niño educado sin límites será un adolescente que tienda a ser autoritario y manipuladora. Un niño educado con amor, pero con límites ("esto no se hace", "hoy no podemos", "aprende a esperar", etc) será un adolescente con mayor tolerancia a la frustración y más capacidad de gestión de sus emociones. 

Cuando la agresividad se sale de control

Un adolescente que agrede a sus padres o a sus cuidadores, que no acepta normas ni límites, que genera tensión en la familia, es una persona que está pidiendo ayuda y que requiere atención profesional. La baja autoestima, un hecho traumático, una dificultad de aprendizaje, un problema de socialización o el abuso de sustancias psicoactivas pueden estar causando este tipo de comportamiento y es importante, que podamos ofrecer ayuda a tiempo. 

Igualmente, necesitamos hacer cambios en el hogar, en nuestra propia manera de relacionarnos con un adolescente que se muestra especialmente agresivo: 

  • Expresión corporal. Antes de gritar, cuenta hasta 10 y piensa una manera clara y tranquila de expresar tu desagrado con alguna conducta o de pedirle algo. Si el adolescente está desafiante puede estar esperando una reacción similar. Encontrarse con un interlocutor sereno pero firme, le romperá su esquema de agresión.
  • Deja de gritar. Desde la infancia, los padres son nuestros modelos a seguir. Y si en la adolescencia seguimos viendo a nuestros padres descontrolados, gritando y diciendo groserías frente a las situaciones que les molestan, nuestra reacción será la misma. La coherencia es determinante en todas las etapas de la crianza: no puedes pedirle a tu hijo que se calme si tú tampoco lo haces
  • Lenguaje positivo. La próxima vez que tu hijo adolescente llegue tarde a casa, dile que estabas preocupada(o) por él. Esto genera mucho más empatía que el clásico regaño por la hora que es y los peligros que hay en la calle. Cuando ambos estén en disposición de hablar, pueden negociar la hora de entrada a la casa y las reglas que hay que cumplir 
  • Pide ayuda: si tu hijo(a) adolescente se comporta de una forma excesivamente agresiva y reconoce que tiene un problema, busquen ayuda entre los dos. Que ir a terapia sea una ayuda positiva para todos, y no un castigo. 

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1 Comentarios
  • AR

    El no acepta que tiene un problema, ya busque ayuda, pero el no quiere ir.

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