Derechos humanos y vejez

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Artículo revisado por el Comité de Psico.mx

De unos años a la fecha se ha colocado a nuestros ancianos en el centro de los reflectores, siendo utilizados como botín político con el pretexto de rescatarlos de la miseria.

30 oct 2013 · Lectura: min.
Derechos humanos y vejez

Y no quiere decir que estemos en contra de esto, o que lo que se les aporta sea inadecuado, sino que queremos llamar la atención para que reflexionemos sobre la situación de aquellos que son nuestros antecesores y quienes nos han marcado el camino.

En primer lugar nos gustaría retomar algunos de los mitos y prejuicios acerca del envejecimiento y la vejez. Estos han pasado a formar parte del imaginario de lo colectivo que de manera inconsciente operan en detrimento del buen envejecer y dificultando la interacción del Adulto Mayor con la sociedad.

Uno de estos es el de “pasividad", donde se piensa que el anciano por haberse jubilado o retirado del campo laboral, ya no puede ser productivo, situación que es totalmente errónea, ya que se ha demostrado, que las personas mayores pueden continuar trabajando si lo desean, y si no, mantienen un elevado nivel de actividad interior y en sus hogares, solo que volcada hacia aspectos diferentes. Otro es el de “el viejisimo", que significa la tendencia social hacia la marginalización, temor, desagrado, negación, agresión, que operan para la discriminación del que envejece.

Lo anterior se relaciona de manera muy importante con la “gerontofobia", que significa el temor irracional e incontrolado hacia el envejeciente. Otro prejuicio muy dañino que opera de manera inconsciente es el de que el envejecimiento es una enfermedad y resulta fundamental recordar que las limitaciones no son enfermedades.

Con base en lo anterior quisiera que hicieramos un alto y reflexionaramos sobre la situación en que viven nuestros abuelos.

Una de las principales quejas de las personas mayores son el abandono, así como el maltrato familiar, que puede ser físico o psicológico, que coloca al anciano en una posición de objeto cuya única utilidad puede ser la de cuidadores de casa o los nietos, siendo permanentemente desvalorizados y dejados de lado en decisiones que los atañen.

Esto no es todo, ya que aquellos Adultos Mayores que viven institucionalizados, en muchas ocasiones son considerados y tratados como niños o peor aún como retrasados mentales, vulnerando sus derechos fundamentales como seres humanos y privándolos de una buena calidad de vida, rebajando su dignidad y alejándolos de la cultura.

Resulta fundamental que tanto la sociedad civil como el estado, asuman su responsabilidad con estas personas a las que tanto les debemos, asegurando de manera oportuna el acceso a servicios para ancianos, aunque no tengan seguridad social, garantizar la inserción a plazas laborales para aquellos que lo deseen o requieran.

Las situaciones antes mencionadas colocan al Adulto Mayor en una situación de aislamiento social, en la que se ven privados de importantes apoyos emocionales, físicos y financieros que asegurarían que tuvieran una adecuada calidad de vida en sus últimos años. Una de las mayores riquezas que pueden recibir los ancianos es la compañía de aquellos a quienes aman, ya que ésta, les proporciona una enorme calidez y les devuelve que su vida ha tenido sentido.

Otro elemento vulnerante de la dignidad de los Mayores, lo constituyen los programas de jubilación forzada, que no solo excluye a trabajadores capaces y experimentados, respondiendo al imaginario de “viejísimo", resultando estos discriminados, contribuyendo al aislamiento social.

En conclusión es importante mencionar que vivimos en una época mediatizada por el mercado, donde se primacía la producción y la belleza, sobre la realización existencial. Resulta fundamental que como personas y sociedad nos detengamos a reflexionar sobre el papel en el que estamos colocando a nuestros abuelos, quienes son los que saben y pueden transmitirnos experiencias valiosas sobre la vida.

No seamos unos necios, y tomemos un minuto para escuchar lo que tienen que decir aquellos que tienen su cabello blanco por el paso del tiempo y sus ojos arrugados por las innumerables experiencias que han llenado su corazón de vida y aprecio por lo que es importante.

Psic. José Manuel Bezanilla y Psic. Ma. Amparo Miranda.

Escrito por

Psicología Y Educación Integral A.c.

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