Chantaje Emocional

Para que el comportamiento de alguien pueda ser considerado como chantaje emocional, deberá tener ciertas características, los temas y motivos de chantajes pueden ser variados.

13 JUN 2016 · Lectura: min.

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Chantaje Emocional

El entorno del chantaje emocional es en gran parte confuso y desorientador. Mientras que algunos chantajistas emocionales expresan sus amenazas en forma muy clara, otros pueden emitir señales contradictorias: actúan la mayor parte del tiempo, con bondad y ternura y sólo en ocasiones recurren al arma del chantaje. Hay chantajistas agresivos que todo el tiempo están amenazando en forma directa con lo que va a pasar si uno no se somete a su voluntad, y expresan sin ambigüedades las consecuencias que tendrá la desobediencia a sus demandas.

El chantaje emocional invade poco a poco, cruza en forma muy disimulada en limite entre el comportamiento normal y aceptable y un proceder que, al principio, tiene sólo algunas muestras de manipulación para terminar saturado de elementos que comprometen a afectar nuestro bienestar emocional.

Para que el comportamiento de alguien pueda ser considerado como chantaje emocional, deberá tener ciertas características desde los típicos conflictos o reclamos reflejados en la pareja, las interacciones y las alianzas en la oficina, los berrinches de los hijos, hasta las diferencias o compromisos en las amistades que se establecen.

Seis síntomas de chantaje emocional:

1.Exigencia

2.Resistencia

3.Presión

4.Amenazas

5.Obediencia

6.Reiteración

Estos síntomas parecen tan evidentes y perturbadores, que uno debería suponer que, en cuanto aparecen en escena, una estridente alarma nos avisaría de su presencia. Sin embargo, a menudo estamos involucrados en una situación de chantaje sin reconocerla como tal. Esto es así, en parte, porque el chantaje emocional no hace sino llevar al extremo el comportamiento que encontramos y aplicamos de forma permanente: la manipulación.

Al hablar de chantaje emocional, automáticamente nos referimos al conflicto, poder y derechos.

Cuatro facetas del chantaje emocional

Cada uno de los estilos operan con un lenguaje diferente y cada uno da un giro particular a las exigencias, presiones, amenazas y humillaciones que forman parte del chantaje.

Los castigadores, saben exactamente qué es lo que quieren y las consecuencias que harán sufrir si no se hace lo que demandan, son los más evidentes. Pueden expresar en forma agresiva o guardar un resentido silencio, pero de una manera u otra, la ira que sienten cuando se les contradice siempre va dirigida directamente a quien no cumpla sus caprichos y exigencias. Este es el estilo más evidente, ante cualquier resistencia que perciba, de inmediato tendrá un estallido de enojo, su ira podrá expresarse abiertamente con amenazas directas o por el contrario con una furia silenciosa; sea cual fuere su estilo, el castigador quiere una relación en la cual el poder y la satisfacción sean absolutamente unilaterales. Las consecuencias con que amenaza el castigador pueden resultar alarmantes: abandono, aislamiento emocional, privación de dinero, estallidos de ira dirigidos hacia quien no cumple su demanda. Las amenazas pueden generar daño físico y psicológico al grado de convertirse en abuso o acoso.

Algunas de las frases frecuentes son: "si intentas divorciarte de mí, nunca volverás a ver a tus hijos", "si no te haces cargo de la empresa familiar, te excluiré del testamento", "si un apruebas mis ideas, será difícil que consigas un ascenso", etc.

El auto castigador, expresan con claridad todo lo que van a sufrir o padecer si no se hace o se les da lo que piden. Pueden llegar a jurar que harán algo para dañar su propia vida "no discutas conmigo porque me voy a enfermar o deprimir", "si no haces tal cosa, dejaré de comer, empezaré a beber, me iré de la casa", "si me dejas arruinarás mi vida".

Tienden a fusionarse e identificarse con personas cercanas, les resulta difícil asumir la responsabilidad de su propia vida. Tienen un talento increíble de hacer que el otro se sienta mal cuando algo desagradable les ha pasado.

La víctima, asumen la posición de que, si se sienten desdichados, enfermos, disgustados o simplemente desafortunados, existe una sola solución: que se les de lo que ellos quieren, aun cuando no hayan dicho qué es lo que quieren. No amenazan con hacerse daño o dañar a alguien, solo informan de una manera explícita: "si no haces lo que yo quiero, voy a sufrir y mi sufrimiento será culpa tuya". La sufrida víctima está preocupada con su propio malestar e interpretará casi siempre la incapacidad de los demás en adivinar sus pensamientos como una prueba de que no les importa lo suficiente.

El seductor, es el chantajista más sutil, nos alienta y promete amor o dinero o una mejora en el trabajo, y luego aclaran que… a no ser que nos comportemos como ellos quieren no obtendremos el premio prometido. La recompensa parece muy tentadora, pero en cuanto creemos que estamos por alcanzarla, se esfuma. Nuestro deseo de obtener lo que nos prometen puede ser tan intenso, que solemos soportar una y otra vez episodios de recompensas olvidadas y nunca concretadas, antes de darnos cuenta que estamos en las manos de un chantajista emocional.

Casi estilo de chantaje atenta contra el bienestar de quien lo padece. No necesariamente se trata de personas con intenciones de maldad premeditada, muchas veces sólo son dirigidos por sus fantasmas (complejos, resentimientos, frustraciones, carencias). Dado que al estar en una situación de chantaje, por lo general se trata de personas que ocupan un lugar importante en la vida porque son queribles, protectoras, amigas, reconocer que nos están chantajeando puede resultar difícil de creer y doloroso. No resulta sencillo analizar con espíritu crítico un comportamiento que, quizá durante mucho tiempo, se ha tratado de disculpar, justificar o ignorar, y ver de qué manera nos afecta. Pero constituye un paso fundamental si queremos restituir solidez y claridad a una relación perturbada.

El chantaje emocional surge en medio de una niebla que se extiende por debajo de la superficie de nuestro entendimiento, una densa niebla de emociones nos circunda y perdemos la capacidad de pensar con claridad en lo que el chantajista está haciendo y en cómo, uno mismo responde a su actitud, nuestro criterio queda envuelto en brumas. Está niebla está compuesta por el temor, la obligación y la culpa; tres sentimientos que todo chantajista, no importa el estilo, intenta reforzar en nosotros. Estas tres emociones están presentes (en diferentes grados y por diferentes causas) en algún momento de la vida de todo ser humano, pero al evidenciarlas, el chantajista sabe cómo aumentar esos sentimientos y generar alta incomodidad en el otro hasta llegar a estar dispuestos a hacer prácticamente cualquier cosa (incluso algo que vaya en contra de nuestras ideas, intereses y bienestar), con tal de disminuir esas disminuir esas emociones a un nivel mas tolerable.

Cuando nos envuelve la niebla del miedo, la obligación y la culpa, se genera una invisible reacción en cadena cuyo funcionamiento es imprescindible conocer y comprender antes de intentar cortarla accediendo o sometiéndonos a lo que el otro exige. La mejor forma de lograr esta comprensión es analizar los distintos elementos que componen esa nieva tan perjudicial, elementos que invariablemente tienen su origen en situaciones de la infancia.

Se necesitan dos …..

Siempre se necesitan dos para que se de el chantaje, siempre resulta más cómodo considerar que "los otros lo hacen", que reconocer lo que uno mismo aporta al problema que nos aqueja. Así que para terminar con los chantajes, es indispensable que preste atención a usted mismo, y analice los elementos que lo han conducido, muchas veces en forma inconsciente, a ser participe activo de la relación de manipulación en la que se encuentra.

Puntos hipersensibles….

Cada uno de los puntos hipersensibles, se componen de experiencias emocionales que conforman el interior de todo ser humano. Cada uno de éstos puntos es como una célula en la que están cargados los problemas psicológicos no elaborados: resentimientos, culpas, inseguridad, vulnerabilidad; entre otros. Estos son nuestros puntos débiles, conformados por nuestro comportamiento básico y nuestra sensibilidad, a los que se suman las experiencias vividas a lo largo de la vida desde la temprana infancia. Al buscar en estos puntos quedan al descubierto sucesos de nuestra historia personal: cómo fuimos tratados. Qué imagen tenemos de nosotros mismos y de qué manera nos han marcado las impresiones recibidas en el pasado. Los sentimientos y recuerdos almacenados en nuestros 2puntos hipersensibles" suelen estar latentes y cuando algún hecho en el presente nos recuerda algo que hemos mantenido oculto en nuestro interior, pueden desencadenarse reacciones que, superando toda lógica, avivarán la emoción que ha estado almacenada y ha ido ganando fuerza con el tiempo y el cúmulo de nuevas vivencias.

El chantaje emocional exige entrenamiento y práctica, ¿Quién brinda ese entrenamiento?,…. Usted…… ¿Quién salvo usted, podría indicarle al chantajista con tanta certeza y precisión: esto es lo que sirve para manipularme; esta es la clase de presión ante la cual siempre cedo; esta es la herramienta hecha como a la medida para tocar mis puntos más sensibles?.

El chantajista aprende por medio de nuestras respuestas a sus ensayos e intentos y actúa con base en lo que hacemos o dejamos de hacer. La siguiente lista ayudará a identificar su eficacia como entrenador personal de chantajistas emocionales.

Cuando usted es presionado por un chantajista:

a)Se disculpa

b)Razona

c)Llora

d)Suplica

e)Cambia o cancela planes y citas para atenderlo

f)Se rinde

g)Cede, en la esperanza de que sea la última vez!

A usted le resulta difícil o imposible:

a)Defender su posición o sus propias necesidades

b)Enfrentar lo que le está sucediendo

c)Poner límites

d)Hacerle saber al chantajista que su conducta es inaceptable

Contestar afirmativamente a estos aspectos…. Es un indicador de que muy probablemente este actuando como entrenador y es coprotagonista en el drama del chantaje emocional.

Cada día de nuestra vida enseñamos a los demás cómo tratarnos, demostrándoles que aceptaremos y que no aceptaremos, qué situaciones nos negamos a enfrentar y qué dejaremos pasar. A veces se cree que podemos hacer que el comportamiento problemático de otra persona desaparezca con sólo ignorarlo y no darle mucha importancia; pero con eso, el mensaje que transmitimos al chantajista al no ser claros sobre qué consideramos inaceptables, es sólo "esta táctica que haces funciona para lograr lo que quieres, puedes hacerlo de nuevo".

Consecuencias

El chantaje emocional no es mortal, sólo nos priva de uno de nuestros valores más preciados: nuestra integridad / dignidad. La palabra en sí significa "estaré entero" y la percibimos por medio de la seguridad de saber: "esto es lo que yo soy, esto es lo que yo creo, esto es lo que yo estoy dispuesto a hacer, aquí es donde fijo mis límites". Muchas veces nos rendimos y comprometemos nuestra integridad, con lo cual se pierde la capacidad de recordar qué significa sentirse "entero".

Cuando cedemos al chantaje:

Afectamos nuestra autoestima

Nos perdemos el respeto

Nos sometemos y dependemos de los demás

Nos enfermamos física y emocionalmente y todo esto es atentar contra uno mismo.

Cómo se percibe la integridad?

Tómese un momento de calma para analizar la siguiente lista, quizá le convenga hacerlo en voz alta e imaginar que cada una de estas afirmaciones rige para usted la mayoría de sus pasos:

Defiendo las cosas en las que creo

No permito que el miedo domine mi vida

Encaro a las personas que me han herido

Defino quién soy yo, en lugar de permitir que otros me definan

Cumplo con las promesas que me hago a mi mismo y a los otros

Protejo mi salud física y emocional

No traiciono a las personas

Digo la verdad

Estas son afirmaciones muy poderosas y cuando reflejan de manera natural nuestra forma de ser y de enfrentarnos a la vida, brindan una sensación de equilibrio que evita que el estrés y las personas que con frecuencia inciden sobre nosotros nos desvíen de nuestra línea de conducta.

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Escrito por

Psic. Irene Quintero Herrera

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