La relación familiar de las personas adictas: un laberinto complejo

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Cuando una persona inicia un proceso de recuperación para superar cualquier adicción, el primer obstáculo que enfrenta es el bajísimo pronóstico de recuperación.

21 jun 2019 · Lectura: min.
La relación familiar de las personas adictas: un laberinto complejo

¿Qué hacen diferente las personas que se recuperan? ¿Existe una fórmula para que un tratamiento resulte exitoso?

Tengo la oportunidad de trabajar en un centro de rehabilitación de adicciones para mujeres y me resulta muy interesante escuchar a las familias explicar los síntomas o actitudes que tiene una persona en consumo. Generalmente nos describen escenas horribles de insultos, golpes, robo, escape de la casa, ataques de ira, autolesiones o lesiones a su familia. La mayoría de las veces, describen con mucho dolor que además de la adicción, su familiar padece trastornos alimenticios. Llegan a pedir ayuda con mucho miedo de estar enfrentando algo para lo cual no hay solución.

Por un lado nos comparten lo maravillosa que es su hija, madre, hermana o novia y cómo el consumo de alguna sustancia la transforma en una persona completamente diferente y monstruosa.

Sin embargo, al evaluar y tratar psicológicamente a la persona adicta, ninguno o muy pocos de esos síntomas permanecen iguales. ¿Acaso solamente actúan así alrededor de ciertas personas? ¿en qué radica la diferencia en el trato que me dan a mí como terapeuta y el que le dan su madre o padre? ¿qué motiva a mi paciente a tratarme de manera cordial y ser agresiva hacia su madre?.

La respuesta es relativamente sencilla pero la explicación es sumamente compleja. De la misma forma en la que actuamos de distintas formas frente a diferentes grupos, en la persona con adicciones existe también una parte sana. Esa parte sana es perfectamente capaz de aparecer cuando la necesite. ¿Por qué no la necesita frente a las persona a quienes más ama?

Al indagar un poco más, encontramos que existe una cantidad importante de temas que la persona adicta no puede comunicarle a su familia con naturalidad. Generalmente esos temas están relacionados con el miedo. Específicamente el miedo a no ser aceptado o aceptada.

Por su parte, la familia es capaz de soportar una variedad enorme de "malestares" provocados por el adicto, pero existen algunos detalles que resultan inconcebibles y son rechazados de manera rotunda.

Desde la perspectiva del terapeuta resulta una dinámica muy clara, pero tanto para el adicto como para su familia el sentimiento predominante se asemeja al sentimiento que produciría correr desesperadamentee dentro de un laberinto y ni el adicto ni la familia encuentran la salida.

La convivencia con el adicto a lo largo del tiempo provoca secuelas cuyo efecto en la familia ayuda a perpetuar el ciclo.

Existen soluciones obvias y el familiar que solicita la ayuda las ha intentado casi todas ¿qué es lo que hace falta entonces?. Por desgracia, el familiar más preocupado enfrenta un miedo doble: el miedo a perder a su familiar con adicción y el miedo a enfrentar lo que a la larga, ayuda a mantener el síntoma. El primer miedo es consciente sin embargo el miedo que alimenta el revivir el ciclo, está oculto, latente y desatendido.

La culpa y el miedo comienzan a tomar las riendas del hogar y como resultado el estrés emocional aparece anunciando una mala calidad de sueño, mala calidad de relaciones... una mala calidad de vida. Los hermanos del adicto generalmente pueden compartir un testimonio detallado y doloroso sobre el deterioro emocional dentro del seno familiar. Para los hermanos del adicto es una herida muy profunda e invisible... silenciosa.

Idealmente una persona pide ayuda desde que experimenta incomodidad, acude a terapia e inicia a resolver el problema, sin embargo, en nuestra sociedad regiomontana la adicción es un asunto del que nadie habla sin sentirse juzgado. Nuestro laberinto sin salida, ahora se encuentra en una isla desierta y nadie puede responder. Al peso de enfrentar la adicción ahora se suma el peso del estigma social y del qué va a decir la gente.

La recuperación es posible, sin embargo no es sencilla y sobre todo, no se da de forma individual. Requiere de un trabajo familiar minucioso y de abordar múltiples frentes con amor. Algunos resultan sumamente dolorosos y las cabezas de la familia en ocasiones necesitan confrontarse a sí mismas entendiendo que el enemigo es la dinámica y que no se trata de un juego de culpables.

El frente principal es la comunicación familiar. Aquello que más nos cueste comunicar, es lo que más nos acerca a la solución. El ideal sería que se pueda comunicar un desacuerdo sin la necesidad de explotar en emociones, entendiendo límites y jerarquías. Otro tema central es la comunicación del miedo. El miedo se alimenta de todo aquello que no admitimos y el miedo alimenta directamente al monstruo de la adicción.

¿Qué tienen en común las familias que se recuperan? en mi experiencia, el común denominador es que han encontrado la manera de decirse sus miedos sin temor, lo cual ha dado pie para hacer cambios generando un efecto bola de nieve.

¿Cómo sería la relación con tu hijo o hija adicto si el miedo y la culpa no fueran protagonistas?

Por: Mtra. Priscilla González Terapeuta Familiar y de Pareja

Escrito por

Sanar Tu Vida

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